Aquí va una excusa de amor puro y desinteresado.
Hay días en los que simplemente no puedes priorizar el capitalismo por encima de lo verdaderamente importante: la estabilidad emocional y física de una planta.

Esta mañana estaba lista para ir a trabajar, hasta que fui a regar y saludar a mis chicas. Ahí estaba ella, distinta, no era solo una hoja caída, deshidratada… era una actitud, una vibra. Ese silencio incómodo que te grita “algo no está bien”.
Y claro, cómo iba a dejarla sola en ese estado. ¿Qué clase de persona seria si abandono a un ser vivo que claramente está pasando por un momento difícil? pensé.
Le hablé. Le hice su skincare vegetal, le di agua con amor, no como siempre (no de manera automática). La alcé, le hice mimos, la cambié de lugar para que le diera mejor la luz. Le compre una maceta nueva. Incluso consideré ponerle música de meditación, porque hay situaciones extremas que requieren medidas desesperadas.

Algunos dirán que exagero. Que “es solo una planta”, que absurdo ¿verdad? Esas personas claramente no entienden el nivel de conexión que se puede generar al convivir, al compartir crisis existenciales silenciosas y sobre todo cuando son ellas las que nos dan el aire que respiramos.
Hay quienes tienen hijos, otros tendrán mascotas, yo tengo plantas. Acaso no cuenta?
Así que si sois de mi equipo ya sabéis, no es una simple excusita, es una realidad, es una forma de vida. Que nadie te diga que no puedes tomarte un día para cuidar de tus seres queridos.
Porque hay responsabilidades… y después están las verdaderas responsabilidades: las emocionales.
