Admítelo: llegas a los viernes sin batería y abandonar el calorcito de las sábanas es todo un suplicio. Pero conoces a los mini experto en eludir esta obligación… los niños.
Son expertos. Tienen una base infinita de razones. Y casi siempre funcionan… ¡Cópialas!
Aquí tienes las 3 mejores excusas de niños que, con un pequeño giro de guion, podrían salvarte de un viernes complicado.
- Me duele la barriga
- No he dormido bien
- Tengo que quedarme en casa por algo urgente

Me duele la barriga
Esta es la más socorrido y la que menos sospechas levantará, sobre todo porque los temas intestinales son un tema tabú en entornos adultos. Puedes decir que el kebab de la noche anterior parece que no te sentó bien o echarle la culpa a tu hijo y al virus que cogió en la escuela. Lo más responsable es quedarse en casa para no contagiar a toda la empresa.
No he dormido bien
La favorita de los niños. Es normal que pasen mala noche tras una pesadilla o un atracón de dulces, ¿verdad? Reescribe la historia y utilízala en tu beneficio. Dale un giro «creíble»: el estrés de estas últimas semanas te han generado insomnio o jaquecas incapacitantes. Tu jefe no se arriesgará a tacharlo de excusa por miedo al temido burnout.
Tengo que quedarme en casa por algo urgente
Los niños suelen inventarse cualquier motivo para justificarla; tú eres adulto, no necesitas justificación. La clave con esta excusa es al ambigüedad. Dar los detalles justos. Hoy no podrás ir a la oficina porque ha surgido un tema urgente en casa o familiar y debes quedarte a solucionarlo. Simple y creíble. Nadie hará preguntas incómodas al respecto, pero úsala con cabeza. Si todos los viernes te surge una urgencia, dejará de ser verosímil y se convertirá en sospechoso.
Todos hemos querido perdernos entre las sábanas calentitas un viernes de diciembre. De niños lo hacíamos sin conciencia, solo nos movía el deseo de dormir y jugar más. De adultos, es más un tema más serio, la necesidad imperante de romper con el ritmo frenético de vida que muchas veces nos arrastra a una vorágine de estrés y descontrol de la que no sabemos cómo salir.
Así que estas 3 excusas pueden servirte de salvavidas para cuando sea preciso. Aunque si llegas al punto de necesitarlas, al menos, una vez al mes, quizá debas replantearte un cambio de puesto de trabajo. Recuerda que nunca es tarde para reinventarse y buscar una vida más feliz.
Ahora sincérate y dime en comentarios cuál de estas excusas es la que más sueles utilizar o si crees que hay otra que debería entrar en este top 3 excusas. Y si algún compañero tuyo de trabajo suele «faltar» por estos motivos, compártele este post y que te invite a una cerveza para guardarle el secreto.